Desayunamos cerca de la estación de bus (hay que hacer un máster para que nos pongan un té solo y un café con leche, es tan difícil?)
Pillamos el bus y tardamos una hora en llegar, esta cerca pero hace muchas paradas. Cuando bajamos aparece ante nosotros una mole de roca inmensa cuya cima tiene la superficie de dos campos de fútbol, a 370 metros de altura. Primero hay que caminar por los jardines reales para sacar los tickets (50 pavos los dos) visitamos el museo donde hay multitud de restos arqueológicos y una reproducción de las pinturas que hay a mitad de camino. Con un calor asfixiante y el sol abrasando iniciamos la ascensión, más escaleras, como ayer, cada vez más empinadas, hasta llegar a unas escaleras de caracol por las que ascendemos unos 10 metros en vertical, todas ellas en hierro y caladitas para aterrar a los que tengan vértigo ellas nos conducen a las típicas pinturas femeninas de Sigiriya las cuales no se saben si eran concubinas o de una princesa o deidad. Bajamos de nuevo por escaleras de caracol y continuamos la ascensión hasta llegar a la entrada del león de lo que sólo quedan las garras, pasamos entre ellas para ascender por otro tramo costoso de escaleras metálicas para llegar al final a la cima donde se asentó Sirigiya sobre esta plataforma de 1,6 hectareas. Desde aquí son impresionantes las vistas, alrededor todo el horizonte, las ciudades tapadas por la vegetación cuesta divisarlas, paseamos por ellas, hablamos con unos monjes y disfrutamos de este divino lugar.. el sol sigue matandonos.
Empezamos el descenso, más rápido y ágil, pasando por la cueva de la cobra,,,corre corre que esta aquí el autobús, uf por los pelos.
Ya estamos de vuelta en Dambulla, vamos a cambiar dinero, nos costaron mucho las entradas y nos desequilibró el presupuesto,,pero jo que fallo, es sábado y cierran a las 13h y mañana tampoco abren..el hotel no admite tarjeta y solo moneda local.. En fin visa y a por un cajero. Después al supermercado por la cena, nos tomamos una cervecita en un bar, si un bar, habría que verlo jeje, srilankes. Nos vamos al siguiente destino, las Cuevas del Templo de Oro. Si no teníamos bastante, más escaleras, visitamos el recinto, con un buda dorado inmenso y figuras de monjes en fila llevándole ofrendas, después subimos hasta las cuatro cuevas, una de ellas gigante que albergan en su interior esculturas de buda, una de ellas tumbado de 14 metros de largo tallada en la roca. Hoy he aprendido (Pedro) que no se puede dar la espalda a una figura sagrada de buda para hacerse una foto, me han regañado. Visitamos el museo y de camino al hotel compramos unos recuerdos en un mercadillo. Cae la noche y caminamos hacia el hotel cuando aparecen los murciélagos. Aquí tengo que volver a cuando estábamos en Jaffna y se me olvido contar que otra noche de caminata vimos unos pájaros grandiosos que resultaban ser murciélagos, batman existe, sin exagerar como un zorro con alas, dan miedo.
Por fin en casa, ducha, cena, a escribir y a preparar la ruta siguiente.
Mañana mas
Aaaaagggggg que vértigo!!!! Una pasada!!!!
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ResponderEliminarUffffffffff la verdad que encima hay tramos que coje una persona por debajo de las barandillas,,esto en Spani haría noticia.. Un besito
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